He llegado a un punto en el que escribo sólo cuando estoy triste. Para que las palabras, inútilmente, ayuden a reflotar mi desbarajustado corazón.
Es raro mirar atrás y ver cómo ha cambiado todo. Debí haberlo pensado cuando empecé a escribir todo esto; que se convertiría en alguien muy especial para mí. No me importas porque estés a mi lado, no me importas porque seas la persona que me soporta, tampoco me importas porque me correspondas ni me importas desde que empezamos a besarnos; me importas porque te quiero. No ahora, sino siempre.
Mi persona tiene varias conexiones con el resto. Unas, muy melancólicas, se unen a gente con la que ya no mantengo el contacto pero sigo queriendo. Otras, muy distantes, se unen a gente de mi pasado a la que ya no mantengo en estima.
Hay otras muy abundantes, que me unen con los amigos que veo día a día y con los que trato, y a los que quiero.
Las más importantes son las conexiones del alma. No sé si me agrada o disgusta decir que tengo muchas: mis padres, mi hermana, mis mejores amigos.. Son personas por las que daría mi vida.
No te quería por aquel entonces, ni siquiera me fijaba demasiado en ti; pero desde un momento en concreto ésa conexión se ha ido fortaleciendo hasta llegar a lo que es ahora. Ni sé cómo ni sé por qué, pero ha pasado.
Ésa delgada línea que nos unía empezó a ser grande con un mensaje el 1 de Abril. Fue nutriéndose de abrazos, de saludos, de risas, de miradas, de locuras, de partidas y de conversaciones hasta un día de Julio en el que era ya tan grande que empezó a volverse fuerte; gracias a los besos, las caricias, los "te quiero". Las salidas, las noches, y el echarse de menos.
No pensaba que pudiera amarte, ni siquiera pensaba en llegar tan lejos. Empecé por probar y por disfrutar el momento. "¿Qué estoy haciendo?" Así varios días, varias semanas, varios meses.
Si tú estás triste, yo estoy triste.
Porque te amo.
domingo, 25 de noviembre de 2012
jueves, 15 de noviembre de 2012
Imperfectos.
Ella pensó que no podría volver a enamorarse, y él le abrió su corazón.
-Te quiero, te necesito. En cada paisaje, en cada canción, estás tú. Me miras y sabes lo que me pasa, por fin me siento correspondido por alguien como nunca había sentido antes; y es mutuo. Añoro tus besos, tus abrazos, tu risa, tus chistes, tus canciones. Odio no poder dártelo todo, porque no lo tengo. Si estoy triste o me siento inservible, si estoy bajo de moral o no te estoy dando el cariño que necesitas; simplemente achúchame y dime que soy idiota, porque soy imperfecto. Porque por fin encuentro a alguien que expurga mis defectos y creo que no hay nadie más en el mundo que.. que me parchee de esta forma.
Él dijo que no era perfecto, y ella comenzó su monólogo.
-No eres perfecto, nadie lo es. Tienes mil defectos y mil y un virtudes. Cuando te deprimes, cuando te rallas, cuando decaes, cuando crees llevar la razón, cuando te acomplejas por tu cuerpo, cuando te martirizas por cualquier chorrada o cuando te pasas exagerando tus defectos. Cuando algo sale mal no nos rifamos la culpa, nos reímos. Si la cago, si la lío, si te regalo algo que no te gusta, si te digo algo que te sienta mal, si hago algo que no te gusta, si no te digo suficiente que te quiero; simplemente achúchame y dime que soy idiota, porque soy imperfecta.
Entonces es cuando me miras con esos ojos imperfectos y me sonríes con esos labios imperfectos. Si te abrazo con mi imperfecto cuerpo y te acaricio con mis imperfectas manos; sólo entonces, con un beso, mueren todas las imperfecciones.
La perfección de un nosotros que ninguno de los dos alcanzó por separado.
Si eres del montón, allí estaba yo para encontrarte.
Al fin siento que todas mis imperfecciones parchean a alguien de tal forma en que lo vuelven perfecto.
Y ESO es el amor.
Al final, él admitió que era perfecto de una manera subjetiva; ella, que se había enamorado en una sóla noche, aunque le costara admitirlo.
Que le daba miedo volver a engancharse a alguien porque ya había salido mal parada.
Que no quería hacerle daño ni a la persona con la que salía ni a ella misma,
pero que ya no podía callar algo que le salía de dentro.
-Te amo.
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