jueves, 20 de septiembre de 2012
Apareciste un día.
Apareciste un día y ni siquiera tuvieron contacto vuestras miradas. Para ella en ésa época, que no tenía ojos para nadie más en el mundo más que para el hombre al que amaba, eras sólo uno más de aquel grupo interminable de sombras.
Encajasteis en el plano de la amistad. Ella se mostraba extrovertida y alegre, tú divertido y jovial. Dos almas distintas que fueron conectando en el tiempo.
Un abrazo.
Entonces ocurrió aquello.
Apareciste un día y ni siquiera tuvieron contacto vuestras miradas, porque ella no podía aguantar sus ojos sobre los tuyos sin que brotaran las lágrimas.
Pensaste, y quizás sigas pensando, que causaste una enorme pena en su ser; pero te equivocas. Ella sólo podía sentir dolor. El tuyo.
Un abrazo.
Silencio.
Apareciste un día y ni siquiera tuvieron contacto vuestras miradas. Ella perseguía al chico al que amaba con desesperanza. ¿Qué se paseaba por tu mente? En ámbitos de "amar" o "ser amado", ella ni sentía ni padecía por nadie.
Quizás sea una locura intentarlo.
Un abrazo.
Silencio.
Un beso en los labios.
Apareciste un día y ya no he podido volver a apartar mis ojos de los tuyos.
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